Su primer trabajo fue en la noche parisina, como camarero del conocido Folies Bergères. Pero más que servir mesas, todo su afán en el local era diseñar el calzado de las bailarinas, seducido por sus tacones y sus plumas: “nadie luce los zapatos como una bailarina en el escenario”. Pero sus diseños no pasaron del papel por ser demasiado costosos.
Tras viajar a Egipto y a la India, en 1981 volvió a París teniendo muy claro lo que quería hacer, y tras trabajar para Dior, Chanel, Yves Saint Laurent o Roger Vivier, entre otros, en 1991, sin siquiera haber cumplido los treinta, decidió abrir su propia boutique, con un éxito abrumador: Carolina de Mónaco fue su primera clienta famosa, y enseguida siguieron su ejemplo personajes del mundo de la moda y del cine como Diane von Furstenberg, Catherine Deneuve, Elizabeth Taylor, Sarah Jessica Parker, Angelina Jolie o Gwyneth Paltrow.
Un día, mientras observaba concentrado uno de sus zapatos de tacón altísimo le daba vueltas a una idea: a sus zapatos les faltaba algo. En un momento de inspiración decidió pintar toda la suela con una laca de uñas de Chanel en un tono rojo rabioso, y desde entonces, todos sus zapatos, independientemente de su estilo o de su color, lucen la universalmente reconocida suela roja que le ha llevado al Olimpo del calzado.
Tras viajar a Egipto y a la India, en 1981 volvió a París teniendo muy claro lo que quería hacer, y tras trabajar para Dior, Chanel, Yves Saint Laurent o Roger Vivier, entre otros, en 1991, sin siquiera haber cumplido los treinta, decidió abrir su propia boutique, con un éxito abrumador: Carolina de Mónaco fue su primera clienta famosa, y enseguida siguieron su ejemplo personajes del mundo de la moda y del cine como Diane von Furstenberg, Catherine Deneuve, Elizabeth Taylor, Sarah Jessica Parker, Angelina Jolie o Gwyneth Paltrow.
Un día, mientras observaba concentrado uno de sus zapatos de tacón altísimo le daba vueltas a una idea: a sus zapatos les faltaba algo. En un momento de inspiración decidió pintar toda la suela con una laca de uñas de Chanel en un tono rojo rabioso, y desde entonces, todos sus zapatos, independientemente de su estilo o de su color, lucen la universalmente reconocida suela roja que le ha llevado al Olimpo del calzado.
